espero que os resulte interesante. esta información esta cogia de un trabajo muy interesante que encontre escrito por Tamarit que si no os suena, podeís buscar información sobre él y sino en 3º de carrera ya os hablaran de quien es. Aqui os dejo el enlace pos si quereis acceder a la página.
CLAVES PARA UN LOGOPEDA AVENTURERO
En primer lugar, para afrontar la intervención en los problemas que presenta la comunicación en el autismo, el terapeuta del lenguaje ha de metamorfosearse en terapeuta de la comunicación. Su labor central no va a enfocarse tanto al lenguaje oral como a los procesos comunicativos, que, como hemos visto, son procesos básicamente de interacción social.
Además, ha de dirigir sus esfuerzos a la creación de conductas comunicativas
expresivas espontáneas, y no tanto al desarrollo de habilidades de comprensión,
entendiendo comprensión como comportamientos de respuesta ante las acciones de los
demás. La raiz de la intervención estriba en considerar la comunicación, entendida
como comunicación social, como un conjunto entrelazado de secuencias de acción y
reacción, ya sea a nivel simple -actos o gestos- o a nivel complejo -lenguaje-. El
objetivo del profesional es dar intención y significado a las acciones del niño, acciones
que o bien existen en su repertorio, o bien se las enseñamos. Ese dar intención y
significado, ese dar sentido a las conductas del niño se obtiene a través de las reacciones
que el niño percibe en los demás y en el entorno cuando él las realiza, de manera que
cuando el niño actúa y el medio responde de modo estable a esas acciones, el niño se da
cuenta de que hay una relación causal entre su acto y la respuesta del entorno. Diríamos
que el eje central de la intervención reside en la creación de esquemas de causalidad
social en los que el niño es el actor.
Vamos ahora a desarrollar esta idea centrándonos en la intervención en niños con
autismo y bajos niveles de funcionamiento cognitivo (recordemos que aproximadamente tres de cada cuatro casos de autismo cursan con retraso mental, y de estos alrededor de la mitad caen en el rango de retraso grave -severo- o profundo; recordemos, asímismo, que la mitad de los casos de autismo no llega a conseguir un lenguaje oral funcional). Comentaremos, en primer lugar, el uso de Sistemas Alternativos de Comunicación, centrándonos en el programa de Comunicación Total (Schaeffer et al., 1980); en segundo lugar, haremos referencia a diversos objetivos de
tratamiento que surgen del análisis de esos sistemas alternativos y de su relación con el
modelo normal de desarrollo; y, por último, plantearemos nuevas propuestas de
actuación.
La mejora de la comunicación a través de los signos:
El uso de Sistemas Alternativos de Comunicación (SSAAC), aunque de corta historia,
han supuesto realmente un cambio importante en los planteamientos generales de la
intervención no solo en el autismo, sino tambien, por ejemplo, en el retraso mental,
afasia, parálisis cerebral, etc (vid. Tamarit, 1989).
Concretamente en las alteraciones graves del desarrollo, como es el caso del autismo,
algunos programas, como el Programa de Comunicación Total antes citado, han
resultado especialmente eficaces para conseguir enseñar signos funcionales para llevar a
cabo actos de comunicación. Pero, ¿se enseñan solamente signos o se enseña algo más?.
En ocasiones anteriores (Tamarit, 1986, 1988a, 1988b; Gortázar y Tamarit, 1989)
hemos analizado cómo, cuando se enseña un signo, a través de un programa como el
arriba referido, se enseña en realidad una estrategia de relación interpersonal, una
estrategia de interacción social, en la cual enseñamos al niño a dirigirse a un adulto
usando un signo para conseguir algo deseado. En realidad, como el propio Schaeffer
afirma, se le enseña al niño un protoimperativo altamente convencionalizado (Schaeffer,
1978). Podríamos decir, tambien, que enseñamos al niño que una acción suya
diferenciada, enseñada por nosotros, consigue una reacción predecible en el entorno,
obtener lo deseado, y que esa reacción está causada por su propia acción, el signo. Esto
es, se le dota al niño con una potente herramienta para manejar, controlar y regular,
intencionalmente el entorno a través del adulto.